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Special Project: Carlos Runcie Tanaka

Proyecto para el posicionamiento y difusión del arte latinoamericano de Fundación Pinta

“Repetir y dominar la forma, haciendo esferas de arcilla, es como elevar una plegaria sin principio ni final en el tiempo. Cuando miro, escucho una música lejana” 

(Carlos Runcie Tanaka, Una Parábola Zen y Diez Pequeñas Historias, 2007)

 

Fundación Pinta, la galería Henrique Faría y el estate de Carlos Runcie Tanaka presentan el Special Project dedicado a Carlos Runcie Tanaka (Lima, 1958–2025), un artista cuyas indagaciones desde la cerámica, en encuentro con la tradición prehispánica y los soportes de la instalación, son un referente fundamental para la historia del arte peruano y latinoamericano. 

Este proyecto reúne una serie de obras que dan cuenta de la persistencia en el oficio y la búsqueda constante del dominio de la forma de la esfera de arcilla. Este grupo de obras fue llevado a cabo por el artista entre 2001 y 2007 y se presentó en las exposiciones La misma plegaria (Galería Wu Ediciones, 2001), Catorce / No Más, Instalación (Galería Enlace Arte Contemporáneo, 2006) y Una Parábola Zen y Diez Pequeñas Historias (Galería Ryoichi Jinnai, 2007).

Entre los años ochenta y noventa, Carlos Runcie Tanaka aborda en sus propuestas artísticas las relaciones entre la escultura y la labor artesanal. Compone sus obras para proponer instalaciones que integran referentes muy diversos, como la música, la performance o el ritual, y que extienden las posibles definiciones sobre el medio de creación de la cerámica.

Su obra ha sido entendida en la convergencia entre su herencia y su formación artística, constituidas en el encuentro entre la tradición japonesa, la visión occidental y el territorio peruano. Desde esta confluencia, y en el contexto de una sociedad peruana escondida, propone espacios para el diálogo sobre identidades, inclusión y memoria histórica. 

A partir de la pregunta sobre a qué lugar del paisaje peruano podrían pertenecer sus cerámicas, crea piezas que amplían la comprensión del desierto como un espacio de meditación sobre la propia identidad. En sus obras, la arcilla convoca a los ríos, las piedras, el mar o los cangrejos en una experiencia cíclica de convivencia entre la materia y otros elementos vitales.

Su legado se constituye en un abordaje profundo de la renovación de las definiciones de la obra de arte y en una labor artística constante y comprometida para dar forma tanto a los objetos como a sus propias historias. Carlos piensa en aquello quebrado no como un material para ser desechado, sino como un punto de encuentro con la realidad peruana, desde la persistente esperanza en la creación imperecedera y la tenaz posibilidad de reconstrucción.

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